Hoy día más de 200 millones de seres humanos en el continente americano y más de dos mil millones en el mundo, viven en pobreza, pobreza extrema o más trágicamente, son excluidos sociales. La brecha entre los que tienen y los que no tienen acceso a los bienes materiales necesarios para una existencia decorosa, se ensancha cada día. El crimen organizado y sus diferentes modalidades como el comercio ilícito de estupefacientes, el tráfico ilegal de personas y la violencia en general, en la mayoría de los casos, son flagelos que encuentran terreno fértil en zonas marginales, en áreas deprimidas de las ciudades y campos, y es ahí donde precisamente, la violencia y la tenencia ilegal de armas se manifiestan con mayor frecuencia.
Estos amplios sectores de población que habitan tugurios, son seres menesterosos y vulnerables que sobreviven cada día, vergonzosamente, con sumas irrisorias, con algunas monedas que no alcanzan para la subsistencia. Esta triste realidad se debe enfrentar responsablemente. Estas carencias y conflictos sociales son altamente explosivos y para prevenirlos se requiere con gran urgencia de compromisos serios y acciones concretas de parte de los Estados y de los organismos multilaterales del planeta.
Las políticas nacionales creadas para consolidar el desarrollo humano, deben convertirse en la herramienta principal en los países, muy especialmente en aquellos más retrasados, en los que la violencia y los conflictos armados perennes, niegan a sus ciudadanos las oportunidades para acceder a mejores estadios de bienestar y de convivencia en armonía.
El presidente de Costa Rica, Oscar Arias Sánchez, conocido por sus constantes luchas en pro de la paz, los derechos humanos y el bienestar de los pueblos, por intermedio de su proyecto denominado “Consenso de Costa Rica”, ha manifestado, que: para enfrentar todos estos males derivados por la pobreza es inminente reducir los gastos militares en que incurren año con año la mayoría de los países.
En esta misma línea, es recomendable readecuar los presupuestos nacionales a las necesidades más urgentes de los ciudadanos y es requisito fundamental, para avanzar hacia los más altos estándares de vida, promover la transparencia y la honestidad en la administración de los recursos del Estado.
Para lograr llevar a feliz término las propuestas derivadas del Consenso de Costa Rica, hay que emprender acciones con un gran contenido humano y con un robusto sentido de solidaridad internacional, que se debe de manifestar por medio de una amplia cooperación que fluya de los países ricos hacia aquellos países pobres y también hacia aquellos fiscalmente más disciplinados y de renta media.
Los Estados beneficiarios de los programas de cooperación internacional están obligados a adoptar medidas con alto contenido de disciplina económica y financiera, están obligados a invertir una parte sustancial de sus recursos en educación, salud y vivienda.
La condición sine qua non para lograr los objetivos planteados, es que los Estados disminuyan, como se dijo, sus abultados presupuestos militares, un despilfarro innecesario, en tiempos donde las diplomacias bilaterales y multilaterales, brindan posibilidades de resolución pacífica de las controversias.
Las ideas que propugna el Consenso de Costa Rica pretenden eliminar un largo y doloroso camino, pretenden romper un eterno círculo vicioso que se inicia, entre otros, con el armamentismo inhumano que coadyuva en la generación de la pobreza extrema y que desdichadamente, nos enfila hacia los feudos donde reinan la violencia y el subdesarrollo, males que hemos experimentado en casi todos los países del mundo, paradójicamente, en una época de abundante riqueza.